
Son ondas acústicas de alta energía que se aplican desde la superficie de la piel y se transmiten al tejido. No hay agujas ni incisiones. Se emplean sobre tendones y fascias con dolor de larga evolución, buscando estimular una respuesta de reparación en un tejido que se ha estancado.
Son ondas acústicas de alta energía que se aplican desde la superficie de la piel y se transmiten al tejido. No hay agujas ni incisiones. Se emplean sobre tendones y fascias con dolor de larga evolución, buscando estimular una respuesta de reparación en un tejido que se ha estancado.

Valoración y tratamiento en la consulta de fisioterapia.
Molesta durante la aplicación, con una sensación de golpeteo en un punto que ya está sensible de por sí. La intensidad se regula y se busca el nivel máximo tolerable con comodidad, no el máximo del equipo. Al terminar, la molestia cede rápido. No requiere anestesia ni reposo posterior, y se puede seguir con la actividad habitual ese mismo día ajustando la carga.
Se plantea una tanda corta y se valora el resultado antes de continuar. Notar cambios requiere varias sesiones: juzgar después de una sola no aporta información útil. Lo habitual es una tanda de varias sesiones separadas por unos días, y valorar al terminarla. Si no ha habido ningún cambio, insistir con más sesiones rara vez cambia el desenlace y conviene revisar el diagnóstico.
Sí, con la carga ajustada. En la fascitis plantar mantener la actividad adaptada forma parte del tratamiento; el reposo absoluto no mejora la fascia y hace perder tolerancia. Lo que sí se ajusta es la carga los días inmediatamente posteriores a cada sesión, porque la zona queda algo más sensible. Se pauta en consulta según la actividad de cada uno.
El espolón que aparece en la radiografía no suele ser la causa del dolor. Dicho eso, las ondas de choque tienden a funcionar mejor cuando hay calcificación, así que su presencia se tiene en cuenta al valorar la indicación. Lo que se trata es la fascia, no el espolón.